Sunday, November 11, 2007

El chasco del anillo


Escoger anillo de matrimonio tampoco es fácil. Entre todas las situaciones que hay que tomar en cuenta, las más importantes son: en dónde los vas a comprar, qué modelo y la medida.
Bueno, pues después de encontrar la tienda, escoger los anillos entre los dos y medírnoslos, la señorita de la tienda muy amablemente se ofreció a llamarnos cuando estuvieran ajustados y grabados (han de saber que cada anillo lleva la inicial de la pareja y la fecha de la boda. No al revés, como Moni creía).Cuando recibí la llamada de la señorita, una semana después, no perdimos tiempo para ir a recogerlos. Muy emocionada, Moni se probó su anillo, que casi-casi se quería llevar puesto; luego me probé el mío y, para desilusión de los dos, me quedó grande. Sobra decir que por un instante me odiaron tanto Moni como la señorita de la tienda: una, porque no pudimos llevarnos los anillos; y la otra, porque iba a tener que mandar a ajustar de nueva cuenta la pieza. Al final salimos de ahí con los dedos vacíos y con la promesa de la señorita de llamarnos cuando estuvieran listos los anillos. Seguimos esperando. A

Thursday, November 8, 2007

Sepan que...


Estaba yo trabajando una mañana de jueves cuando me llamó Arnulfo para preguntarme qué fin de semana antes de que acabara el año prefería casarme por el civil. Por supuesto, casi escupo el agua que estaba tomando. Una cosa es estar hecho a la idea de ‘me caso el año entrante’ y otra muy diferente asimilar el repentino ‘me caso pasado mañana’.
Y es que nuestro plan original era firmar, sólo en compañía de nuestros papás y testigos (que ahora resulta son innecesarios), el acta de matrimonio civil por ahí de febrero. Queríamos organizar un brindis muy simbólico en la casa y después salir a comer. Primero, porque nos pareció que el speech del Sr. Juez no era tan atractivo como para hacerlo el ancla del festejo en marzo. Luego, porque eso de ir y venir de Tepoztlán entre semana para hacer los trámites no resultaba práctico para ninguno.
Hasta ahí, nada sorprendente, pero en nuestro afán de tener todo listo, y también en nuestra absoluta ignorancia, pagamos la cuota correspondiente al matrimonio civil a domicilio hace ya varios meses. Pero hasta hace unos días, cuando por fin logramos llegar en horas hábiles al registro civil, nos enteramos que la vigencia del trámite terminaba el 31 de diciembre. Porque, a partir de 2008, las tarifas son otras y se hace una especie de borrón y cuenta nueva (¿no era obvio?). Nada de devolverte el dinero (un trámite-mito según parece) o abonar la diferencia. No. Nada de eso.
Así que, después de que Arnulfo tuvo que hablar a todos los juzgados de la delegación en la que vivimos y dio con el único juez que casa en fin de semana, debo decirles que, ante la ley, este muchacho y yo seremos marido y mujer en cuestión de días. Valga decir que para semejante ocasión no hay nada listo, salvo mi vestido. Como si mujer shopaholica valiera por dos. Ja. M

Pd. Comparto con ustedes una rebanada virtual del pastel que definitivamente no está invitado al festejo en marzo.

Wednesday, October 24, 2007

Ya sólo falta lo más difícil


Una de las ideas de escribir este blog era no tener que estarle contando lo mismo una y otra vez a los invitados de la boda sobre los por menores de la organización. El asunto es que muchas veces me han preguntado “¿Y cómo van? ¿Ya tienen todo?”, a lo que yo me he dedicado a responder atinadamente: “Ya está todo, sólo falta lo más difícil”, seguido de “en el blog te puedes enterar”. Obviamente yo contesto completamente sin malicia y con toda inocencia, pero lo primero que piensan es que lo más difícil para mí es firmar y que qué poco tacto tengo. Los que me conocen bien saben que una de estas dos cosas es cierta… lo del tacto, pues hasta dicen que tengo tacto de muñón. Pero en lo otro sí están bien equivocados, no me costará nada de trabajo ni dudaré tantito a la hora de firmar mi enlace con Moni. A lo que me refiero cuando digo que falta lo más difícil es que todavía falta pagar la boda. Afortunadamente empezamos a planear la fiesta con mucho tiempo de anticipación, y así hemos podido dar anticipos y ahorrar para que la pachanga sea en grande y justo como la queremos. A

Monday, October 22, 2007

Alianzas, anillos...


Pero jamás enlaces, como tuve a bien preguntar en una joyería hace unos días. Imaginarán la cara de what que me puso la vendedora, pero acostumbrada como ha de estar a que los clientes tengan todo menos la razón, supo descifrar a lo que me refería.
Y es que, ansiosa como soy, mi siguiente punto en la lista de pendientes para la boda era dar con los anillos de boda adecuados, por lo que en más de una ocasión ahora sí arrastré a Arnulfo para buscarlos. Llevábamos semanas con un modelo en mente, lo habíamos visto ya en el aparador de una tienda y nos los habíamos probado de volada una mañana de domingo. Aunque a los dos nos gustó, una parte de mí no estaba del todo convencida de que fuera el ‘correcto’, pero no dije nada. Mientras Arnulfo daba por resuelta la compra, yo me dediqué a curiosear por cuantas joyerías, catálogos y aparadores se me pusieron enfrente, hasta que terminé por embotarme. Quiso entonces mi ritmo de trabajo que no tuviera tiempo más que para ir a la oficina, medio descansar y, de paso, dejar por un rato el tema en santa paz.
Con la mente despejada (al menos la mía), hace un par de días retomamos el hilo de la búsqueda y nos lanzamos a una tienda nunca antes visitada. La señorita nos mostró una charola repleta de modelos, pero lo mío fue casi, casi ‘amor a primera vista’, porque lo puse en mi dedito, puse el respectivo en el de Arnulfo y dije ¡Yes! Que luego demostrara mi desconocimiento absoluto de las reglas no escritas de una boda, neceando con la señorita que era el mío el que debía llevar grabada la 'M' (como si fuéramos a confundir los anillos por su tamaño), es otra cosa.
Hablo en singular porque, aunque al futuro mareado también le gustó el dichoso modelito, con su franqueza adorablemente demoledora me dijo que como era yo quien sin duda sí lo usaría, tenía un poquito más peso en la decisión. Porque, si a mí me ha costado trabajo hacerme a la idea de usar diario un anillo (por más significado que tenga), a Mr. Las-joyas-me-dan-repelú, ni hablar. Así que hagan sus quinielas: ¿logrará Arnulfo usar el anillo de casado más de dos semanas? Yo digo que, antes de perderlo, me dirá cuánto me ama, pero que prefiere guardarlo en su cajita. M

Sunday, September 30, 2007

¿Colapso nervioso o 'control freak'?


'¿Cómo va la boda?’, es lo que todos preguntan últimamente; sea en persona, por teléfono o por msn. De alguna forma, este cuestionamiento ha sustituido al '¿y cómo estás(n) ?' de antaño. Fuera del 'para eso está el blog' que suele responder Arnulfo, yo digo, con cierto tono irónico, que prácticamente sólo nos falta pagarla. Y aunque es cierto, se ha vuelto inevitable que, ante esa pregunta, mi mente haga un veloz check list en automático. Porque, conforme se consumen los meses, cada vez estoy menos cierta de que las cosas estén tan resueltas como lo indica nuestra santísima lista de pendientes.
Si a eso sumamos que la boda de dos de mis compañeras de oficina está a la vuelta de la esquina, es innegable que tengo la mesa puesta para que mi paranoia-ya-mero-es-la-mía-y-me-falta-todo vaya en aumento. Como desde hace semanas las escucho hablar de pendientes y pendientes, y yo, desde hace semanas, no muevo un dedo en relación al tema, me ha resultado inevitable pensar una y otra vez que algo se nos está escapando. Pero ni consultando nuestro ‘programa de trabajo’ (sí, tenemos uno) encuentro qué. Por estos días, no sé si de mi subconsciente está aflorando el prejuicio de que esto debería ser una especie de calvario; si estoy saboteando a la workaholic que habita en mí, buscándole pendientes personales impostergables en horas de oficina; o, de plano, estoy siendo víctima no confesa de los dichosos nervios preboda (¡noooo!).
Como sea, fuera de las invitaciones, los anillos de casados (ya hablaré del tema), abrir las mesas de regalo, concretar la ceremonia espiritual y, sí, pagar el chow, no falta nada. Supongo que, como me ha dicho una amiga, tendrá que ver con que no nos casaremos por la iglesia y eso reduce la tramitología. O será que soy una verdadera control freak que en lugar de hacer revistas debería convertirse en wedding planner. Ja. Digo, ya que ordenar una revista parece tormento chino.
M

Sunday, September 23, 2007

¡Tenemos cancion!


Dos cosas me tenían preocupado con respecto a la boda. Y no, no se trataba de algún tipo de inseguridad o de algún posible desacuerdo con Moni que evitara que se llevara a cabo la ceremonia. En realidad me preocupaba encontrar la canción ideal que sería nuestro primer baile de casados, y encontrar un chamán que oficie la ceremonia de unión.
Con gusto les puedo decir que lo de la canción ya está resuelto. Después de buscar en innumerables discos, de escuchar radio con el único propósito de encontrar la dichosa canción y de largas sesiones de selección; después de cientos de canciones, por fin ese pendiente está tachado de mi lista. No voy a anticipar detalles de ésta para que sea algo así como sorpresa, pero sí les puedo decir que es una excelente elección. A

Monday, September 10, 2007

Oh, decepcion



Lo confieso: si algo me emocionaba desde que nos pusimos el disfraz de novios casaderos era darle rienda suelta a mi consumismo más puro, lector de código de barras en mano, seleccionando los artículos para la mesa de regalos (sí, habrá una; no hay forma de renegar de semejante tradición). Era tal mi entusiasmo que hace dos fines de semana, cuando según yo faltaban los rigurosos seis meses para El Día D que piden, ahí estábamos Arnulfo y yo, recién abierto el almacén, para hacer sonar ad nauseum el seductor pit, pit. Pero no contábamos con la amargura del sistema de registro, para el que cuentan los meses, no las fechas; y que se rige bajo la lógica de existencias en almacén (que sólo pueden garantizarte seleccionando tus regalos máximo dos meses antes del bodorrio). Argüidas semejantes explicaciones, era claro que resignarse y esperar era lo único por hacer. Lástima que el ánimo consumista no entienda ni jota de lógica y te haga sentir como niña a la que Santa Claus le trajo todo menos lo requerido. ¡Bu! M