Sunday, July 1, 2007

Se llama Solitario


Antes de que decidiéramos casarnos, yo no tenía ni idea del slang que se maneja entre los matrimoniados sobre esa pequeña pieza de metal que representa el compromiso que tiene una persona con otra y que se coloca en el dedo anular de la mano izquierda de la novia, ese “anillo de compromiso” que se llama Solitario.
Como la decisión de casarnos fue espontánea, yo no estaba preparado con la cajita del “Solitario” en la bolsa, al contrario, la verdad es que no me cayó el 20 de darle uno sino hasta que empezamos a ver los detalles de la boda y fuimos a Tepoztlán a conocer los jardines. En cada lugar por el que pasábamos, lo primero que hacían las personas que nos atendían era buscar el anillo en el dedo de Moni.
Eso, sumado a que Moni de repente me platicaba asuntos relacionados al tema, me hicieron recorrer gran cantidad de joyerías con mi novatez, buscando algo en específico que no sabía qué era. Lo que quiero decir es: yo sabía que no quería sólo el aro con la piedra, sino algo que fuera a la par con la personalidad de Moni. Por eso necesitaba algo con mucho más chiste, un poquito complicado, pero sobre todo interesante.
Cada que entraba a una joyería, las dependientas me trataban de instruir en el tema “… oro amarillo si su piel es oscura o su cabello güero, pero el oro blanco luce mejor si ella es blanca y de cabello oscuro.” Otras como que me querían ver la cara de novato “¿Churumbelas o Solitario?”
Al fin, encontré el anillo perfecto y lo compré. Unos días después, Moni me pregunta como con pena y despreocupación –Oye, este, no es que quiera uno ni me muera de ganas, pero…¿me vas a dar anillo?–. Y después de esa pregunta, otras como que si ya lo había comprado, que dónde estaba, en fin, un interrogatorio al mas puro estilo de la Gestapo.
Con orgullo puedo decir que no cedí a ninguna pregunta y, al final, lo único que le dije fue que si le hubiera comprado un anillo de compromiso, ahora se tendría que esperar meses para que se lo diera porque ya lo estaba esperando y tenía que ser sorpresa. A

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